20/8/18



PARADOJA VITAL



Que estoy mal cuando estoy bien
y estoy bien cuando estoy mal
bien pudiera parecer
una triste paradoja
de falta de voluntad.

Pero dime la verdad:
¿no te pasa a ti también
que estás bien cuando estás mal

y estás mal cuando estás bien?


12/8/18


ABORTO, LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD


Más allá de una exégesis pormenorizada del tema —necesariamente infectada de legalismos y de intereses ideológicos y de todo tipo— en la que no voy a entrar, —porque si se entrar a discutir los pormenores políticos y sociales del tema, ya se ha cedido y la cuestión ética se ha echado a perder— el tema de fondo de la discusión sobre el aborto está en aquello que es previo y no se quiere poner en discusión: la libertad y consecuentemente la responsabilidad de quienes en su apareamiento conciben una criatura. La libertad sexual lleva aparejada la responsabilidad de quienes se unen y lo gozan, y por tanto son también responsables de sus consecuencias. De estas consecuencias no se puede responsabilizar a los demás, es decir, al Estado, a lo público, para que se haga cargo de esas consecuencias, pues el sexo no es de necesidad ineludible ni pertenece al ámbito del bien común, sino que es algo individual, particular, que dos individuos comparten para sí, como individual es toda responsabilidad que atañe a la libertad de nuestras acciones. Otra cosa son las consecuencias del sexo, si las hay y no se han querido evitar por descuido, dejadez o irresponsabilidad —otra cosa es que no se hayan podido evitar, como en una violación—. ¿Cómo es posible que estas razones de sentido común, que yo veo desde la antigua simpleza de mis convicciones éticas, se ignoren bajo una concepción espuria de la libertad atribuida en exclusiva a una de las partes en el uso libre de su cuerpo? Hasta Vargas Llosa se enternece, cómplice, con estos argumentos feministas y abraza la cantinela tópica del recurso a la educación sexual, como si el sexo fuese en sí mismo educable. Es la persona entera la que es educable y en ello va implícito que se haga responsable de sí mismo y sus acciones. 
Desde el momento en que hay concepción, el asunto atañe a tres seres y es responsabilidad directa en dos de ellos mientras que un tercero queda inocentemente afectado. Cuando el aborto se presenta como única salida para una de las partes se olvida que hay tres vidas en juego: la vida de los dos padres —padre y madre— y la del hijo concebido, vida de una criatura humana que lo es desde el momento mismo que se produce la concepción: en el cigoto está escrito ya todo el potencial de lo que podrá llegar a ser el hombre o la mujer que ha sido concebido y cuya vida se inicia ya, no para que sea tronchada, sino para que sea cumplida. 
Hay personas que defienden el aborto, su legalización en el favor de leyes que protejan la libertad de la mujer, considerando que las otras dos partes en juego, el padre y la criatura, no cuentan. Respeto a estas personas, pero no puedo respetar sus ideas porque no las comprendo, no “prenden conmigo”; nunca las he comprendido. Y no las comprendo no porque tenga una mente cerrada y estrecha, que no creo que sea el caso, sino por todo lo contrario, porque una cierta amplitud y profundidad de mente impide aceptar precisamente ideas que, como las tesis abortistas, son de una gran estrechez doctrinaria e ideológica que exigen comprensión sin tenerla.  
Si queremos evitar que la vida venga, si no queremos hacernos cargo de la parte que nos toca de esa venida, vale, esto sí lo comprendo: a los hombres y mujeres de estos tiempos no se nos puede pedir gran cosa, pues somos muy flojitos. Pero si viene, sea como fuere, tenemos que recibirla; una vez que la vida echa a andar, tenemos que acogerla, no podemos echarla fuera del mundo como si fuésemos asesinos. Nuestra vida, la de cada uno de nosotros, no nos la hemos dado a nosotros mismos, ¿cómo podemos arrogarnos el poder de quitársela a otros? 
Por todo ello, me alegra que en Argentina se haya parado una legislación sobre el aborto que siempre más más allá en cada nueva formulación camino del aborto libre en el que parecen empeñados no sé bien que ocultos intereses internacionales. Cuando pasen los años nos arrepentiremos de todo esto como hoy nos arrepentimos de la pena de muerte. 


9/8/18


PARADOJA VITAL



Que estoy mal cuando estoy bien
y estoy bien cuando estoy mal
bien pudiera parecer
una triste paradoja
del vivir sin voluntad.

Pero dime la verdad:
¿no te pasa a ti también
que estás bien cuando estás mal

y estás mal cuando estás bien?

8/8/18


UNDERGROUND: BARBARIE, PODER Y PROPAGANDA


El último capítulo del libro de Michel Henry La Barbarie lleva por título “Underground”, o sea, lo subterráneo, lo que subyace bajo tierra, como las catacumbas romanas. Léanlo después de leer también todo el libro, merece la pena. Yo aquí sólo hago un apunte, un breve comentario personal y esta recomendación de su lectura. 
Underground, lo subterráneo, las catacumbas, no se refiere a la barbarie, que está ahí en la superficie, bien visible para quien tenga ojos para ver, con toda la ostentación y autosuficiencia de quien tiene el poder y que quieren creer que están en posesión del sentido de la historia. ¿No son “históricos” todos los actos que cada día hacemos y aparecen en los medios difundidos a bombo y platillo? Cada gesto se autoproclama como haciendo historia. Underground hace referencia más bien a todo lo contrario: a la resistencia contra la barbarie.
Una de las historias sufís atribuidas al célebre Nasrudín cuenta lo siguiente: 

LA SOPA DE LA SOPA
Nasrudín recibió de un cazador un pato de regalo y en agradecimiento se dispuso a cocinarlo para compartirlo con él. Se presentó otro visitante diciendo ser amigo del hombre que regaló el pato. Y luego otro y otro que decían ser amigos del amigo que le había regalado el pato. Cada vez que llegaba un nuevo comensal, Nasrudín ordenaba a su mujer, que estaba cocinando la sopa, que añadiera un cazo más de agua para que hubiera sopa para todos. Cuando por fin se sentaron a la mesa, uno de los invitados, sorbiendo el agua tonta que se le servía, dijo: 
—¿Qué clase de sopa es esta, señora?
Y la señora contestó: 
—Es la sopa de la sopa de la sopa del pato que he estado cocinando. 

El apólogo denuncia de manera clara la degradación que inevitablemente sufre toda tradición cultural, todo pensamiento histórico, todo apalabramiento del mundo. Con el afán de partirlo y repartirlo entre la clientela de invitados, de hacer más fácil el acceso, la masticación y la asimilación de su alimento, la sustancia de la sopa cultural acaba convirtiéndose en aguachirle. Pero ahora estamos entrando en un nivel de degradación que va aún más allá, que es más que degradación, que es degeneración. A este nivel es a lo que llamamos barbarie. Los bárbaros, como dice Michel Henry, no son los que están por civilizar, sino el resultado de la degeneración de la civilización, que en su progreso cada vez más vacío de contenido, pasa a la irrelevancia, de la irrelevancia a la corrupción y de la corrupción a la nada propagada.   
Underground se refiere a la resistencia que de manera espontánea está emergiendo frente a la barbarie y que como toda resistencia se organiza de manera oculta, subterránea, en las catacumbas. Unas catacumbas, que como en tiempos del imperio romano —en su época de descomposición también como cultura— ocultan y amparan la subversión. Sólo que esta ocultación subterránea, estas catacumbas de hoy —este underground— presentan una forma muy peculiar: la de ser un movimiento subsumido y oculto en la misma dinámica de la superficie social, que parece convivir con aparente resignación y hasta connivencia con la expresión manifiesta de la barbarie, lo que llamamos la Máquina, es decir, con el aparato de poder económico, político y mediático que, con su afán de sostener la degradación, el desmembramiento ruinoso del sistema, acelera su consumación mediante la expresión, cada vez más hiperbólica, esperpéntica y caricaturesca de su autopromoción propagandística del vacío, de la nada. La podemos llamar “estrategia del calamar” que, pretendiendo ocultarse soltando tinta, la misma tinta descubre a los pescadores su presencia, y así son pescados. Las formas de engaño y mentira de la autopropaganda política, que los líderes políticos con sus asesores de marketing usan cada vez con más profusión, de manera directa o indirecta, en los medios públicos y con los recursos públicos, en el autobombo de su constante presencia y promoción —véase ahora mismo lo que hacen tanto el gobierno de España como el gobierno de la Generalitat, compitiendo en la carrera del escaparate y el vacío de las propuestas, a ver quien echa la trola más gorda, mientras que el resto de ciudadanos asistimos estupefactos e inermes al espectáculos, consternados y preocupados por lo que se nos puede caer encima. Se manifiestan ya con tal desfachatez y falta de escrúpulos que irán perdiendo cada vez su eficacia en el engaño, lo que forzará a su vez a tácticas más groseras que harán más espesa y abundante la tinta del calamar. Ya han traído, de alguna manera, la perdición de los gobiernos en una permanente tarea de promocionar imágenes sin contenido. En buenismo a sueldo de quienes van haciendo sonar las trompetas delante de ellos cuando dan una limosna que no sale de su bolsillo mientras el bien se realiza anónimamente y gratis por la gente honrada de siempre. Es la política de la apariencia, que, en connivencia con los intereses de los medios, ha convertido a nuestros representantes en charlatanes de feria vendiendo humo, en teleñecos que se imitan a sí mismos.

Los fenómenos de liderazgo ahora tan imprevistos como provisionales que se suceden aquí en España y en Europa, y que se hundirán tal como surgen en un abrir y cerrar de ojos, reflejan el nerviosismo atareado y urgente que se afana no en taponar los agujeros de un barco que, como el Titanic, hace aguas por todas partes, sino en aumentar el ruido de la orquesta en el salón de baile para disimular el peligro del naufragio. Cuando los líderes mediáticos vean que menguan los pesebres y huyan como ratas frente a la inevitable catástrofe, tendrán que salir los emboscados de la resistencia a restituir, una vez más en la historia, al hombre en su dignidad. Que así sea.