1/9/16

PROMESAS



Mi padre me dijo una vez que Curro el Tabernero le había contado que su mujer, muy enferma, había hecho la promesa al Santísimo Cristo de la 5ª Angustia de ir en peregrinación, andando y descalza, a rezar ante su imagen (que estaba a diez km de mi pueblo). Lo curioso de la promesa es que incluía que Curro, su marido, la llevara a ella en hombros durante el camino. “¿Qué te parece? -- decía Curro -- ¿Tú crees que estos son promesas como Dios Manda? Así prometo yo lo que me dé la gana”. 

La anécdota, que es real, tiene su punto de gracia; pero esto no debe hacernos olvidar que ejemplifica un comportamiento bastante habitual entre nosotros, quiero decir, los humanos. Tenemos una extraordinaria facilidad para engañarnos a nosotros mismos haciendo promesas que otros tienen en realidad que cumplir. Si uno tiene mando, más fácil todavía, pues en este caso ni siquiera se necesita hacer el esfuerzo de tener que engañarse a uno mismo, que a veces puede resultar complicado si se tienen escrúpulos de conciencia. Cuando se manda, basta con engañar a los demás diciéndoles que se hace por ellos. 

No hay comentarios: